Corazón de la Alcarria y Guardián de la Sierra Madre. Soy el aroma a miel y espliego que recorre mis valles, la arquitectura de pizarra y piedra negra que se funde con la montaña y el perfil inconfundible del Ocejón vigilando el horizonte. Soy la memoria viva de la Alcarria, el murmullo del Tajo abriendo camino entre hoces y el alma de mis Pueblos Negros, donde el tiempo parece haberse detenido en un abrazo de pizarra. Durante siglos, fui tierra de frontera y paso, entregando mi sal, mi madera y mi trigo mientras mis fortalezas, como la de Sigüenza, se convertían en testigos mudos de la historia.
Hoy te hablo desde la bruma de mis Hayedos de Tejera Negra y la paz de mis castillos de frontera, porque bajo este manto de roca y miel late un corazón vulnerable. No me mires solo como una provincia de paso hacia otros destinos; mírame como la tierra que forjó tu raíz y que hoy necesita que tú también te levantes para defender su equilibrio y su futuro.
Desde las murallas de Atienza hasta el rincón más profundo de la Sierra de Pela, desde las orillas del pantano de Entrepeñas hasta la majestuosidad de Molina de Aragón, ya hay quienes han decidido que el silencio ya no es una opción. No caminamos sol@s. Llevamos con nosotr@s la memoria de generaciones anteriores, de aquellos que con manos curtidas por el frío de la sierra y el sol de la cosecha cuidaron cada colmena y cada huertezuelo cuando la vida era un desafío constante. Ellos ahora son el murmullo en mis ríos y el aliento que agita los robledales.
Fui el sueño de poetas y el baluarte de caballeros, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio y tu paz. ¿Estás list@ para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que Guadalajara necesita?